Publicidad:
Terra
La Coctelera

Sólo busco desaparecer...

Lo que siento ahora mismo es muchísima rabia.

Tengo un nudo en la garganta y sólo quiero deshacerme de él llorando sin parar. Sollozar hasta que no me queden fuerzas y acabe tirada sobre el suelo con la mirada perdida y la mente vacía y callada.

Siempre me pregunto "¿podré ser realmente feliz algún día?" y mucho me temo que la respuesta es no. Nunca podré saber lo que es la felicidad completa, no conoceré una vida plena y placentera, yo no tengo esa oportunidad. Puedo ser feliz un instante, un día o incluso un mes... pero, en cuanto me acomodo, una sombra aparece volviéndolo todo oscuro y frío. Y eso es lo peor: la sombra soy yo.

Hay veces en las que sólo veo una solución... Pero soy tan cobarde que no me atrevo ni a empezar nada ni a terminarlo. Y aquí estoy, hecha un ovillo en el ojo del huracán, temiendo moverme, muerta de miedo, sólo  que el huracán sólo existe en mi imaginación. Y la vida pasa y yo no quiero moverme porque no sé cómo reaccionará el mundo si hago algo inesperado.


Hamlet, Desaparecer.

Yo adivino parpadeo las luces a lejos van

Yo adivino el parpadeo

de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron,

con sus pálidos reflejos,

hondas horas de dolor,

y aunque no quise el regreso

siempre se vuelve al primer amor.

La vieja calle, donde el eco dijo

tuya es su vida, tuyo es su querer,

bajo el burlón mirar de las estrellas

que, con indiferencia, hoy me ven volver.

Volver con la frente marchita,

las nieves del tiempo platearon mi sien.

Sentir que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada,

que febril la mirada,

errante en las sombras

te busca y te nombra,

vivir con el alma aferrada

a un dulce recuerdo

que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro

con el pasado que vuelve

a encontrarse con mi vida.

Tengo miedo de las noches,

que pobladas de recuerdos,

encadenan mi soñar.

Pero el viajero que huye

tarde o temprano detiene su andar.

Y aunque el olvido, que todo lo destruye,

haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida una esperanza humilde

que es toda la fortuna de mi corazón.


Volver, Carlos Gardel.

La mentira más dolorosa y estúpida de la historia de la humanidad.

Son las 23:00. Estoy en mi casa ocupada con el ordenador, y todo es como siempre. "Me voy a la cama", me dice. "Buenas noches". Y sin ningún motivo, sin pensarlo siquiera, me levanto, me visto y me voy a la calle. Es de noche y no hay farolas. Tampoco hay gente, al menos que yo sepa, ya que podrían estar acechándome entre las sombras para atacarme. Pero sigo andando. No sé adonde voy, y la sensación de desamparo es mayor con cada paso que doy, pero sigo andando. Me subo al primer autobús que veo, y ahí es donde me doy cuenta de que no llevo las llaves ni el móvil encima. Me bajo en una parada escogida al azar, y no sé donde estoy. No tengo ni puta idea de qué estoy haciendo. ¿Por qué me fui de mi casa? ¿Por qué seguí andando? Ahora quiero volver y no sé cómo hacerlo, tengo miedo porque todo está muy oscuro y no veo a nadie.

"Ese portal me suena de algo... creo que es mi casa." Me acerco al telefonillo y presiono el botón. No hay respuesta. "Se fue a dormir antes de que me fuera, y no tengo el móvil... Esto es un desastre, no sé qué hacer." En ese momento soy consciente del lío en el que me he metido, no estoy segura de estar en mi casa, estoy perdida en medio de la oscuridad, con malas personas acechándome, y ¿por qué? No lo sé ni yo misma. Soy una estúpida. Empiezo a llorar y aparecen dos personas conocidas en el portal. Estoy tan feliz pensando que esa sí es mi casa finalmente que no presto atención a lo que me dicen: "¿qué haces aquí, tan lejos de tu casa?". Me abren la puerta y voy corriendo hasta el ascensor. Voy a volver a casa... Al fin. Entro en el ascensor y le doy al botón más alto, ya que vivo en el piso más alto. Y el ascensor empieza a subir, y a subir, y a subir, y a coger velocidad. Me fijo entonces en los botones y no son números normales, 2x2, 3x2, 4x5, 6x5... El ascensor va a toda velocidad al último piso, que parece que es altísimo, así que intento pararlo dándole a todos los botones a la vez. Consigo que frene un poco la velocidad, pero lo hace para empezar a bajar. Se me levantan los pies del suelo, y tengo una sensación horrible en el estómago.

Cuando me despierto, sigo teniendo esa horrible sensación. Ese sueño... Describe a la perfección cómo me siento. Meterse en un lío, por el que nunca te perdonarás, por una estupidez que ni siquiera tú misma entiendes. No poder vivir tranquila, siempre mirando alrededor temiendo ser descubierta.

Si no fuera por las personas que están conmigo, mi vida estos últimos años habría sido un verdadero infierno. Ahora mismo siento que estoy en la sala de espera, pendiente de clasificación.

Save me from drowning in the sea.

"Si te atrapa un remolino, no te resistas. Déjate engullir. Cuando llegues a su corazón, él te expulsará hacia arriba, y así te salvarás."


Sentirse como un niño en la orilla del mar un día de marejada, intentando levantarse y siendo derribado por las olas una y otra vez...

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Subo el volumen de la música para no oír mis pensamientos. Pero cada pausa, cada silencio, cada cambio de canción, es una tortura. Y me arrancaría la cara si tuviera valor de hacerlo, o al menos rompería todos y cada uno de los espejos que existen en el mundo para no verme más reflejada en ellos. Para no ver lo que no soy, lo que todos, equivocados, pensáis que soy. Una cobarde, por pensar y por no querer hacerlo, por callar y por querer callar. Por recordar, y por querer olvidar.

Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde.Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde.

Y lo escribiré un millón de veces, como un niño castigado, si sirve de algo. Pero ni el peor de los castigos sería suficiente para hacer callar mi conciencia. Lo siento. Desde lo más profundo de mi maldito corazón, lo siento. Por muchos años que hayan pasado, yo ya no seré la misma nunca más.

Hoy me siento como Atlas.

Mentir para camuflar mis miedos.

Negarme a decir la verdad en voz alta para esconderla.

Dañar para evitar ser dañada, con el efecto contrario.

Luchar contra mis propios pensamientos y deseos es luchar contra mí misma, y solo puedo perder.

¿Qué hace una chica como tú en un pueblo como éste?

Eres la persona más encantadora que conozco.

Mi casa está donde estás tú.

...y mis dedos se quedaron enredados en tu pelo negro, como si al fin hubieran encontrado lo que estaban buscando...


Marea, "Los mismos clavos".